sábado, 10 de octubre de 2015

«Nueva York», de Pasolini



   Por tanto, para concluir, sé perfectamente que la poesía es inconsumible en lo más profundo, pero yo quiero que sea lo menos consumible posible también exteriormente. Lo mismo vale para el cine: haré cine cada vez más difícil, más árido, más complicado, y quizá incluso más provocador, para que sea lo menos consumible posible, exactamente igual que con el teatro, que no puede convertirse en un medio de masas, por lo que el texto permanece sin consumir.




   Pasolini viaja dos veces a Nueva York a finales de los sesenta y se encontró con una ciudad intensa, prometedora, con ambiente novedoso, una ciudad que parece albergar cosas que él no concebía ya, como el cambio o la revolución —la verdadera revolución, como si allí, por estar en alguna etapa anterior y mejor construida —quizá—, pudieran conseguirse cosas que en la Italia de donde venía ya no eran posibles. Allí la sociedad queda envuelta en el consumismo y él pierde incluso todo destinatario posible, si es que alguna vez lo tuvo de verdad; su receptor ha desaparecido o su ausencia se ha hecho evidente. Pero incluso en Nueva York detecta conflictos y contradicciones, a pesar del deslumbramiento que sufre. De alguna forma la revolución pacífica contra el consumismo es posible, pero hay profundas contradicciones sociales, estructurales, diría. Y contra eso, la poesía —y el cine y el teatro y la novela; la poesía contra todo, contra la cultura contemporánea y contra las convenciones encorsetadas, contra la vulgar cultura de masas, la poesía para penetrar en la sociedad y situar a sus agentes en un lugar incómodo, reajustar la disposición; apuntar a una extrema conciencia, verla realizada si fuera posible.

   En este Nueva York se recogen una entrevista hecha a Pasolini por Giuseppe Cardillo, La poesía no se consume, y un texto, Nueva York es una guerra. Pasolini reflexiona sobre su mundo, sobre el cine y la literatura —que tocan, entran en ese mundo—, sobre religión, racismo y utopía. Pasolini contradictorio, Pasolini inteligentísimo, Pasolini profeta, complejo, directo, atrevido, inmerso y dueño del lenguaje —y de la imagen, convencido y dispuesto a darse a la lucha.


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