miércoles, 12 de noviembre de 2014

«Antes del fin», de Ernesto Sábato


Nunca tuve buena memoria, siempre padecí esa desventaja; pero tal vez sea una forma de recordar únicamente lo que debe ser, quizá lo más grande que nos ha sucedido en la vida, lo que tiene algún significado profundo, lo que ha sido decisivo —para bien y para mal— en este complejo, contradictorio e inexplicable viaje hacia la muerte que es la vida de cualquiera. Por eso mi cultura es tan irregular, colmada de enormes agujeros, como constituida por restos de bellísimos templos de los que quedan pedazos entre la basura y las plantas salvajes. Los libros que leí, las teorías que frecuenté, se debieron a mis propios tropiezos con la realidad.


Este libro parece una herida y su reconstrucción, un anhelo de huida ante la descomposición de la realidad. Un proceso marcado por una inteligencia desbordante.
Leer a Sábato es vibrar, sentir con más y mejor fuerza que en muchas otras ocasiones que hay algo palpitando detrás de lo escrito, algo que pugna por salir, una tensión —una necesidad— que motiva la escritura y que le da sentido. Y este libro, estas memorias que no quieren del todo ser tales, lo muestran de forma explícita. El capitalismo, el desencanto, el desgarro, el poder que se cierne sobre el humano y lo atrapa, instándolo a hacer algo. A tener ideas, por ejemplo.
Aquí Sábato se desnuda con elegancia, hace un ejercicio de regreso y de honestidad, y ese motor que causa la escritura, que anuncia —sobre los pasos de Hölderlin y de tantos otros— la decadencia, el peligro violento y a la vez su salvación, el paradójico ataque al humanismo en el siglo XX, se narra y se de-muestra, cuenta su historia como si nos dijera que sí, que es cierto, que puede verse y finalmente superarse con un alegato alentador. Que el refugio existe, aunque el consuelo queda bastante lejos. 
Pero, sobre todo, vemos la mente lúcida y sagaz que vive y escribe eso, que recurre a la ficción —en parte, a la ficción que brota del recuerdo lejano, de la memoria atacada— como zona de seguridad, mente sin la que no tendríamos ninguna aportación novedosa ni veríamos esa necesidad en el hacer.
Sábato abandona las ciencias para desarrollar esa búsqueda de la verdad en el arte y en la literatura; da forma a esas contradicciones existenciales que se acercan al límite, al abismo —intereses antagónicos y de alguna manera compatibles—, comprendiéndolas y dándoles salida, haciéndose a sí mismo.

Y, en un tiempo de crisis total, sólo el arte puede expresar la angustia y la desesperación del hombre, ya que, a diferencia de todas las demás actividades del pensamiento, es la única que capta la totalidad de su espíritu, especialmente en las grandes ficciones que logran adentrarse en el ámbito sagrado de la poesía.

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