jueves, 18 de abril de 2013

«La historia interminable», de Michael Ende

                                     «La historia interminable», de Michael Ende



Parece que la película basada en esta novela es archiconocida, aunque, por desgraciada y como muchas otras veces, la novela no llega a ese punto. 

Es una historia de fantasía, pero, más bien, la trama pretende encerrar no una, sino "la" historia de fantasía. La historia de fantasía de las historias de fantasía, el libro de los libros en su género, vaya.
Aquí también también hay seres extraños y ocurren cosas extrañas, sí, pero hay algo tras todo eso que es lo que hace atractiva a esta novela. 

Encontramos del mismo modo cierto simbolismo a tener en cuenta en los personajes y en según qué sucesos y escenas.


A modo de resumen, podría decirse que Bastián, un niño de once años, se hace con un libro titulado La historia interminable y acaba por sumergirse literalmente en él y ser parte de la historia. No uno más, sino el personaje principal. Debe darle un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil, que se debilita por una causa en principio desconocida.

El reino de Fantasia, se ve amenazado seriamente por el devastador avance de la Nada (que simboliza la falta de imaginación y sueños de los seres humanos, situados en un mundo paralelo, el mundo "real") y hay que darle solución.


—En Podrepantano, nuestro país —siguió diciendo entrecortadamente el fuego fatuo ha ocurrido algo... algo incomprensible... Es decir, está ocurriendo aún... Es difícil describirlo... empezó por, es decir... Bueno, al este de nuestro país hay un lago... o, mejor dicho, había... llamado Cálidocaldo. Y todo empezó porque, un día, el lago de Cálidocaldo no estaba ya allí... Simplemente había desaparecido, ¿comprendéis?

-¿Quiere decir usted —preguntó Úckuck que se secó?

—No —repuso el fuego fatuo, en tal caso habría ahora allí un lago seco. Pero no es así. Donde estaba el lago no hay nada... Simplemente nada, ¿comprendéis?

—¿Un agujero? —gruñó el comerrocas.

—No, tampoco un agujero —el fuego fatuo parecía cada vez más desamparado. Un agujero es algo. Y allí no hay nada. 

Los otros tres mensajeros intercambiaron miradas.

—¿Qué aspecto tiene... huyhuy... esa nada? —preguntó el silfo nocturno.

—Eso es precisamente lo que es tan difícil de describir —aseguró el fuego fatuo con tristeza. En realidad, no se parece a nada. Es como... como... Bueno, ¡no hay palabras para describirlo!

—¿Como si uno se quedara ciego al mirar a ese lugar, no? —se le ocurrió al diminutense.

El fuego fatuo lo contempló con la boca abierta.

—¡Eso es exactamente! —exclamó

Quizá no sea ésta una novela bien profunda y sesuda como tal; pero goza de atisbos de reflexión nostálgica y alarmante, tiene encanto, cumple su objetivo y seguro que nos dejará algo para recordar.

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