sábado, 27 de febrero de 2016

«Para las seis cuerdas», de Borges




   Dice Borges que toda lectura implica una colaboración y casi una complicidad, y que en estos versos el lector debe suplir la música ausente por la imagen de un hombre que canturrea, en el umbral de su zaguán o en un almacén, acompañándose con la guitarra.

   Es una forma de ver la lectura, visualizarla, aunque eso implica, me temo, otras formas de leer u otras consecuencias de la lectura. Es ver el pasado de lo que se cuenta a la luz de la voz presente, de la imagen de quien habla. Es ver lo que sostiene eso que se dice. El contacto más elemental con la tierra, con el mundo. El recuerdo, la memoria, la evocación. La sencillez para abordar algo más grande. Borges, de una u otra forma.


Hombro a hombro o pecho a pecho,
cuántas veces combatimos.
¡Cuántas veces nos corrieron,
cuántas veces los corrimos!

Milonga del olvidado
que muere y que no se queja;
milonga de la garganta
tajeada de oreja a oreja.


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