sábado, 18 de julio de 2015

«Rumbo a peor», de Samuel Beckett



   Todo de antes. Nada más jamás. Jamás probar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.


   Éste es quizá el Beckett más consciente y más alterado, más él que nunca, viendo cerca el fin y llevando sus ideas hasta una especie de callejón oscuro hecho a base de lenguaje y retornos e imágenes y repeticiones. Unas palabras que, sabemos, no van a llevar a ningún lugar, pero que, al fin, lo son todo. Un lenguaje que tiende inevitablemente al fracaso, pero que sirve para señalar, salvando lo salvable, el dolor, la alegría, la necesidad de ahondar en el fracaso y explotarlo, casi vivir en él; un lenguaje que nos lo da todo; un lenguaje que apunta en infinidad de direcciones, que tiene demasiadas posibilidades y que nos deja con la sensación de no decir nada, no transmitir nada, no significar nada, sin que ello lleve a una desolación vital, pues el lenguaje era eso: nada.

   Partimos de esa asunción. Quizá no se pueda decir, quizá sólo se pueda mostrar. Pero quizá uno sienta que ni siquiera eso. Nada. Una nada que permite avanzar, seguir adelante. Un vacío inexpresable al que hay que asomarse para retorcer la lógica y comprender algo, aunque sea la necesidad de la huida. Una nada con la que, sin embargo, es preciso jugar para descubrir cosas, estirar sus límites y explorarse incluso a uno mismo para iluminar algo, seguramente la nada. Porque el lenguaje guarda en sí algo de imposibilidad: al expresar algo se traiciona ese mismo algo, se traiciona uno a sí mismo canalizándose a través de un lenguaje que sabemos truncado, aunque de alguna forma necesario y múltiple. Beckett ejerce aquí el poder de lo mínimo para apuntar a algo más grande, a una profunda experiencia. Escribe sabiendo que acabará en el silencio más profundo, pero sabiendo también que es ahí donde ha de acabar, porque no parece haber otro lugar posible.


   (...) Restos de mente así pues todavía. Suficientes todavía. De alguien de algún lugar de algún modo suficientes todavía. ¿Sin mente y palabras? Incluso esas palabras. Pues suficientes todavía. Apenas suficientes todavía para disfrutar. ¡Disfrutar! Apenas suficientes todavía para disfrutar lo que sólo ellas. ¡Sólo! (...)


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