domingo, 10 de mayo de 2015

«El libro de arena», de Jorge Luis Borges



   Quizá lo mejor de algunos cuentos de Borges sea que nunca terminan de irse, que quedan como ingrávidos esperando a ser continuamente completados y actualizados por el lector. Me parece que es el caso de algunos de los aquí reunidos. Los que no son tan brillantes como los de otras colecciones aún guardan esa extraña sensación de estar escritos con una intrincada inteligencia que les hace vivir más allá de su brevedad y de lo que expresamente dicen. Persisten al tiempo y se ubican en algún rincón privilegiado de la memoria, porque uno intuye que Borges ha dicho algo más de lo que ha escrito, y que un par de sus líneas contiene algún tipo de idea que otros no logran dibujar en libros enteros.
   Estos cuentos también tantean la imposibilidad que Borges señala en otras obras, y parece que al iniciarse con el El otro —el tema del doble, del regreso, del sueño, del pliegue del tiempo— todo cobra un tono mucho más auténtico, casi real. Hay algún punto de conexión que sin embargo está a años de distancia, y hay amor, idealismo, destino, utopía, asesinato, infinito, alguna forma de retorcer el curso normal de las cosas.
   Podría haber más, y Borges podría llevarlo a cabo con la solvencia propia del genio, aunque puede que limitarse a estos breves relatos sea una forma de decirlo todo sin hablar demasiado, sin abusar del lector, aunque éste quiera algo más.


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