miércoles, 28 de enero de 2015

«Un año de mi vida», de Miguel Delibes



   Un año, un suspiro. Abruma pensar que en veinte suspiros un niño se hace hombre, en otros veinte madura y en veinte más envejece. La condición fatalmente efímera del hombre unida a su condición de ser pensante y sensible alimentan mi esperanza de que todo no puede concluir aquí.


   Entre junio de 1970 y junio de 1971 Delibes va reflejando su día a día, una cotidianeidad objetiva, exenta de artificios o ficciones. No deja de ser un diario (por encargo): Un día de junio de 1970, después de almorzar en su casa, José Vergés me sugirió que iniciara la redacción de una espece de diario, con anotaciones sobre mis lecturas, mis impresiones ante un hecho político, mis venturas y desventuras cinegéticas, esto es, una especie de cajón de sastre donde todo tuviera lugar.
   Tiene interés doble, supongo: interés por el propio Delibes —inevitables la caza y la pesca, la literatura, la familia, lo social— como escritor y figura de referencia e interés por lo que muestra, que, al margen de lo anterior, sirve para asomarse a otras cosas y a otros momentos. No es un diario personal (o no demasiado) y eso le aporta este segundo interés, que probablemente no se advertiría si tuviera un tono meramente intimista. Es el reflejo de una vida sencilla, un libro-vida que sirve para conocer y ubicar a Delibes sereno y sincero.


   Advertí dos cosas que para mí eran fundamentales: que cabía realizar un diario sin incurrir en subjetivismos improcedentes y que esto era posible hacerlo rehuyendo la reiteración.


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