viernes, 31 de octubre de 2014

«El instante de mi muerte / La locura de la luz», de Maurice Blanchot


Sé —lo sé— que aquel al que ya apuntaban los alemanes, no esperando más que la orden final, experimentó entonces un sentimiento de ligereza extraordinaria, una especie de beatitud (nada feliz, sin embargo), ¿alegría soberana? ¿El encuentro de la muerte con la muerte?
"El instante de mi muerte"


¿Soy egoísta? No tengo sentimientos más que para algunos, piedad para nadie, raramente tengo ganas de agradar, raramente ganas de que se me agrade, y yo, para mí que poco menos que insensible, sólo sufro por ellos, de tal manera que su menor aprieto me provoca un mal infinito aunque, no obstante, si es necesario, los sacrifico deliberadamente, les suprimo todo sentimiento dichoso (llego a matarlos).
"La locura de la luz"


Literatura, vacío, silencio, evocación. Traer a presencia lo que no se dice, pero que está ahí. Parece el conjunto de elementos que uno desea después de buscar algo entre páginas y páginas y no encontrarlo, o no como pretendía. Debe de ser eso a lo que uno se aferra después de husmear en la nada con cierta obsesión. Y entonces lee a Blanchot y las piezas encajan un poco más. La memoria trae algo al ahora y empieza la función. No halla ya la tranquilidad en él, en Blanchot, creo que eso sería acercarse a un abismo más crudo que el suyo; sí es al menos una especie de intranquilo sosiego, una ocasión para pensar que se abre otra salida dentro de esa primera imposibilidad asfixiante. En una línea parecida va la alegría (inquietante) que manifiesta: tras el desencanto, tras la desesperanza, va a llegar la verdad (la luz): la muerte. Y se palpa una amistad subrepticia con la muerte.
El de Blanchot es uno de esos juegos peligrosos que parece que podría acabar con él mismo, según cómo lo asuma (y hasta con el lector, no sé). Es un vacío que se renueva y que encuentra en esa renovación nuevos significados emergentes, y el propio fin. Como si el lenguaje se hubiera desgastado, hubiera perdido su función y hubiese ahora que buscar lo que subyace en él, lo indecible. Decir algo a través de otro algo, pues hemos tomado conciencia de la inviabilidad de los relatos.
Ausencia, silencio, levedad, ligereza de sentidos que se bifurcan. Una vida leve y aproximativa. Dos textos breves, pero enormes.

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