miércoles, 10 de junio de 2015

«Ácido sulfúrico», de Amélie Nothomb



   Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo.


   Veo a Nothomb como un rayo. Como un impulso feroz. Quizá un poco impertinente, igual un poco narcisista; aguda, moderna, ágil, exagerada, telegráfica, irónica, a veces pasando de puntillas de lo burdo a la genialidad, seguramente sin llegar a tocar por completo lo uno ni lo otro.

   Nothomb ha construido en Ácido sulfúrico un cuadro de la crueldad y, sobre todo, de la expectación que eso genera, de las tensiones humanas que subyacen a las relaciones de poder, de la atracción por el sufrimiento, del poder del silencio y de las palabras justas y bien medidas, como hace ella misma al escribir.
   Concentración es un programa televisivo que recrea, a modo de reality, las condiciones de un campo de concentración —repleto de cámaras que atrapan humillaciones, hambrunas, arrebatos, trabajos forzosos, torturas de personas despojadas de nombre e identidad, escogiendo a los participantes al azar e incluyendo luego al público como parte activa del asunto y no sólo como fiel y magnífico espectador. Nothomb pasa, a través de la protagonista, por una aspiración a la divinidad de la que ya se ha jactado —con una habilidad que la legitima, creo en otras novelas como Metafísica de los tubos, y recrea también algunas leves obsesiones como el trato con la comida y con otros seres con los que hay algún tipo de dependencia, la culpa y la valentía, el descaro o la necesidad de.

   Nothomb ha escrito una obra concisa sobre la televisión y su influencia, sobre la dominación ejercida sobre las masas, que se dejan guiar demasiado poco insolentes; pero ha escrito también, a otro nivel, una pieza sobre el juego de la soberanía, sobre la modernidad más en-cerrada, sobre afectos e imposiciones, dibujando al final una salida con sello propio, no sé si alentadora. Y ha escrito todo esto con el estilo que la caracteriza, para bien o para mal.

   Breve, pero muy cerca de ser completa según lo que se propone. Llena de destellos personales y maravillosos.


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