lunes, 16 de junio de 2014

«Indigno de ser humano», de Osamu Dazai




Me parece que hay sobre todo algo que esperaba con cierto temor pero con lo que he terminado satisfecho: Dazai retrata con cierta habilidad la oscuridad interior, el abismo, el proceso de agonía frente a la vida; pero no lo presenta como consecuencia de nada, no como efecto terriblemente dramático de algunas desavenencias sino como un germen que nace al nacer el individuo y que lo único que hace es tomar forma. Creo que ese apoyo es buena parte del motor de estos cuadernos, la visión seca y franca que establece sin demasiado esfuerzo. El rostro sin expresión (o con una expresión impenetrable, quizá), la bufonería encubriendo el miedo, la inquietud producida por otros humanos, la zozobra del conjunto, la representación como fantasma protector. Da la impresión de que la huida que necesite la busque y encuentre regresando a la propia vida, a las vivencias que dejan unas experiencias distintas, de alguna forma, en otra dirección. Que lo van convenciendo de su presagio y del rumbo a tomar. 
Dazai narra con la sencillez que en algún pasaje dice querer de las mujeres. Pero sin perder la tensión. Sin dejarse llevar. Manteniendo la firmeza y su objetivo, penetrando y perforando algunos tabiques. Aunque Yozo encarne esa deshumanización, de alguna forma está vinculado a ella, aunque sea a través del espectro del arte. Creo que aquí radica otro de los puntos fuertes. Si fuera un desgajo sin más, no sería tan entendible. A veces parece una relación de sí y no que tiende a la rotura. Supongo que una muestra de ello podría ser una forma de vida, no una no-vida, y quizá de ahí la salida (huida hacia adelante, o algo así). Hay un vacío que se intenta sobrellevar con otras estrategias, pero me cuesta pensar que sean estrategias del todo desvinculadas, situadas al margen de todo.
Lo coloco con los imprescindibles.

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