miércoles, 9 de abril de 2014

«La luna se ha puesto», de John Steinbeck





Una invasión, una guerra que bien podría ser cualquiera y unos ideales que también podrían ser otros cualquiera, aunque quizá estos no tanto como el contexto. 
Llega el enemigo y avasalla y domina, aunque quiere mantener una cierta diplomacia, una cierta comunicación. Tener todos los cabos atados. Un pueblo que observa casi impasible, pero que tiene conciencia y un líder que es más pueblo que líder, que sabe cuál es su papel y dónde están los resortes del pueblo y sus propios límites.

―No lo creerá usted, pero es cierto: la autoridad está en el pueblo. No sé cómo ni por qué, pero así es. Eso significa que no podemos obrar con tanta rapidez como ustedes, pero cuando nos fijamos una dirección obramos de acuerdo. Ahora esoy en una confusión. Todavía no sé nada.

La ocupación se va torciendo, aunque el proceso es lento. El intendente va manteniendo una tensión más o menos controlada, el médico parece saber desde el primer momento lo que ocurrirá; los enemigos juegan a la guerra, a adelantarse, a cortar las comunicaciones, a intentar convencer y doblegar una moral que tiene fijo su punto de mira. Los jóvenes invasores que conocen la victoria, pero no la derrota, se verán sobrepasados antes de tiempo, llevados cerca de los límites de la desesperación.

―Lo hemos conquistado y tenemos miedo: somos los conquistadores y estamos cercados. ―Y soltó una estridente carcajada―: He soñado, o he pensado, que estaba en la nieve y que en los quicios de las puertas había unas sombras negras, y que por detrás de las cortinas atisbaban unas caras serias. He tenido un sueño o un pensamiento...

El pueblo enarbolará un silencio peligroso, estratégico, un silencio amenazador con claras señales de que no se han ido y de que la amenaza está presente. Al absoluto control le siguen boicots y rebeldías, toma de conciencia. Invasión no significa conquista. La mecha se encenderá inevitablemente. El intendente seguirá y asumirá la moral e interés del pueblo y hará casi de Sócrates condenado. Supongo que no hay venganza, sólo respuesta. Una sencilla y contundente muestra de la zozobra y de la toma de poder, de según qué poder.

Las moscas han conquistado el papel cazamoscas.

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