domingo, 17 de noviembre de 2013

«Lejos de Veracruz», de Enrique Vila-Matas

                                     «Lejos de Veracruz», de Enrique Vila-Matas





No todo el mundo sabe que a Veracruz y a sus playas lejanas no pienso en la vida nunca volver. (...) sé muy bien que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte.

Enrique Tenorio, el menor de tres hermanos, está acabado. Tiene veintisiete años, pero se siente (¿está?) viejo y acabado y derrotado. Y a este manco en el ocaso de su marchita vida, ya como en un callejón sin salida, no le queda más refugio que la literatura como vía de escape. Toma el relevo de su hermano Antonio (escritor de viajes que nunca ha hecho) y escribe la novela de su vida, en su caso, viajando y viviendo, aunque sea de aquella manera. De pronto vive para escribir, va evocando y escribiendo, vuelve a su mundano presente y también eso conforma su novela, porque al fin y al cabo el pasado regresa y se hace presente, pero quizá sin dejar de ser pasado, un algo irrecuperable.
Escribe su amor-odio hacia el ambiente familiar, hacia sus hermanos: el bueno de Máximo y la figura inalcanzable de Antonio. Escribe también sobre sus amores y desamores desde una perspectiva engañada, casi descreída, frustrada. Sobre el amor que tiene por las tierras lejanas y los viajes, que dan vida. Incluso sobre crímenes que deben quedar enterrados. Y mientras los escribe, los vive, y viceversa. 
Así, como escritor improvisado, casi forzoso, escribe una suerte de mezcla de diario y novela, las desventuras de un héroe roto, el desamparo de un hombre que quiso captar el transcurso de los días, aunque estos le superan. 

Bien, pues como ya me pasara antes, el estilo de Vila-Matas me encanta. Es de un continuo admirable, como si toda la historia se fuera forjando sobre la marcha y no le quedase al lector otra que seguir el hilo de la historia, con interés, esperando a ver qué pasa. Como pega, si puede decirse así, diría que, sobre todo en la primera mitad, se me hizo algo lenta, quizá por ese modo de escritura de ir trabando y destrabando la trama, pero que resulta ser airosa y admirable, una escritura, como digo, muy literaria.
Las palabras casi se hacen palpables, emergen, es literatura sobre literatura, una historia bien urdida, unos personajes que crean su pequeño-gran mundo, que tienen su papel bien definido. Un título nada inocente al que no quitar el ojo de encima.

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